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¿Qué importancia tienen la risa y la sonrisa en la salud mental?

Dr. Winston Villamar Ph.D.

Médico Psiquiatra


¿Qué importancia tienen la risa y la sonrisa en la salud mental?

El objetivo de este breve ensayo no es apologético, por lo tanto no vamos a hacer discutir a Arthur Schopenhauer (filósofo alemán, 1788-1860), signado por algunos como el filósofo del pesimismo, con algunos de los que se adjudican el ser los iniciadores de la terapia por la risa, como Annette Goodheart y Hunter "Patch" Adams, en los Estados Unidos de Norteamérica, y especialmente el Dr. Madan Kataria, quien inicia este movimiento en India, en 1995.

Tampoco se va a referir este artículo a hechos fisiológicos, como el que refiere que para sonreír se necesitan no más de quince músculos del rostro, mientras que la risa puede llegar a mover hasta 400 músculos del cuerpo humano. Tampoco vamos a intentar una clasificación de la risa y la sonrisa, es decir, nombrar las posiblemente ciento ochenta relaciones psicosomáticas que determinan los simbolismos de ellas. La idea aquí es sencillamente reflexionar sobre estas manifestaciones del ser humano en función de la salud mental. Y estas pueden ser expresadas en el siguiente apotegma: en una persona sana, la risa es manifestación de su alegría, mientras que la sonrisa lo es de su felicidad.

Esto nos llevaría a buscar en nosotros mismos la existencia de estas manifestaciones humanas por excelencia, sobre todo en una época tan psiquiatrizada como la actual. Por ejemplo, un signo que he descubierto en mi consulta para poder diferenciar entre una depresión verdadera y una pseudodepresión es que la persona que no está sufriendo realmente de depresión puede, en un momento dado, reírse. Pero regresando a la idea de alegría y felicidad, la pregunta que podría levantarse al respecto es sobre la base para esta afirmación, evitando cualquier truísmo. Y la respuesta se da en el sentido de que la risa es visceral mientras que la sonrisa es simbólica. La primera corresponde a las emociones, la segunda a los sentimientos.

Esto puede ayudarnos a diferenciar en nosotros mismos nuestra orientación hacia el placer por la vida, es decir, a reconocer la forma en que reaccionamos ante la realidad. En este caso ocurre igual que con la belleza, donde lo estético no está en el objeto sino en el sujeto. No es lo que se nos presenta, sino la manera como procesamos la percepción de dicha experiencia. De manera que una persona mentalmente sana tendrá un discurso de vida donde predomine la felicidad, es decir, la disposición a sonreír, mientras que esa misma persona podría o no manifestarse riendo ante el estímulo que tenga ante sí, puesto que no siempre felicidad es sinónimo de alegría y viceversa.

Finalmente, independientemente de los motivos por los que ría o sonría una persona, el individuo que lo hace como manifestación de su buena salud mental, lo hará de acuerdo a su constitución y a su propio aprendizaje de vida. Esto nos llevaría a la observación final, sobre la conveniencia de reír o sonreír. De acuerdo a lo que estamos refiriendo ahora, dentro del marco de salud mental, se ha hecho más énfasis hasta estos días en la risa, y casi nada en relación a la sonrisa. Por lo que, en este caso, y contrariando en parte a los partidarios de la terapia por la risa, afirmamos que reír sanamente puede ser una experiencia buena pero reactiva y circunstancial mientras que la sonrisa podría ser más permanente. Por lo que cabría decir, en función de la salud mental: bienvenidos los que ríen, bienaventurados los que sonríen.
Atentamente,
Dr. Winston Villamar.

Un pensamiento:

"Nada hay más dulce que el suave llanto en la alegría, sobre todo si esta se acompaña de la sonrisa de la felicidad".


SECCION PREGUNTAS
(La invitación es a enviar sus preguntas, una por vez, en no más de dos líneas)

Contestamos a L.P.S., quien pregunta: ¿por qué para algunas personas la terapia funciona y para otras no?

Respuesta: El éxito o no de un proceso terapéutico depende, diciéndolo de manera general, de tres factores: la naturaleza del problema, el rol del terapeuta y las condiciones de la persona que consulta. En el caso de la naturaleza del problema, factores que inciden son el diagnóstico mismo (por ejemplo, es distinto sufrir de una reacción ansiosa que de una esquizofrenia), el tiempo de evolución (aunque no siempre, pero mientras más crónico, menos favorable será el pronóstico), y los factores agregados (así mismo, aunque no siempre, cuando el cuadro es eminentemente psicógeno podría tener mejor pronóstico que cuando se agrega un componente orgánico). En el caso del terapeuta, por un mal diagnóstico o un mal programa terapéutico, con lo que estaría organizando un camino equívoco para una posible rehabilitación, y a esto se llama iatrogenia. Y en el caso de la persona que consulta, cuando no desea realmente ser ayudada o cuando la persona o quienes la llevan buscan rebusques a la consulta, tales como descargar la culpa o la responsabilidad de sostener la realidad en otro, tratando de utilizar al terapeuta como pretexto para dicho rebusque.


REVISION DE OBRAS

Un comentario no fútil sobre el tema que hemos tratado lo podemos encontrar en Aristóteles, en su "Moral a Nicómaco", Libro IV.

 


 

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