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Un tema de reflexión en pareja.

CUANDO NO SABEMOS VIVIR CON LA PERSONA QUE SE AMA

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CUANDO NO SABEMOS VIVIR CON LA PERSONA QUE SE AMA

En Costa Rica cerca del 50% de las parejas se separan. Muchas se divorcian después de años de enardecidas discusiones que se toleran en el nombre del amor. Los estudios indican que con frecuencia los temas en disputa no son tan importantes, pero la forma en que se enfrentan estas desavenencias suele ser devastadora. Es decir, se discute por cualquier cosa y de manera hiriente e insultante.

Escribir al DR. Mauro Hoy

Sin saberlo y sin quererlo, las parejas aprenden el arte de dañarse, dónde, cuándo y cómo darle por donde más le duele al otro. Desde luego después de cada discusión, los destrozos emocionales son enormes. 

A la vez, el tiempo que se tarda en superar las discusiones se alarga. Al inicio, basta una lágrima y una sonrisa para dar por terminado el desacuerdo; posteriormente, las discusiones se prolongan y hasta comprometen la noche. Esto es de capital importancia, porque las discusiones que provocan que las parejas se acuesten enemistadas, son más destructivas y muchas veces las enrumban por el camino de la separación.

Al inicio el sexo puede ser una buena forma de superar la confrontación. Pero al cabo del tiempo, cada discusión genera cierta distancia sexual que va minando el convivio erótico. Ante ese panorama, el temor se apodera de ambos. Ya se tienen cuidado. No quieren comprarse una discusión porque saben que les costará dolor y amargura. Los temas urgentes y prioritarios suelen posponerse con el fin de disfrutar de un segmento de paz. 

El hogar se convierte en la antítesis de lo que debería ser. No se habla de nada importante, ambos prefieren callar, para no buscarse problemas. Así la relación se va deteriorando. No se encuentra la forma de resolver los problemas, porque la comunicación se ha roto, los períodos de silencio y de respuestas cortas, tajantes e irónicas monopolizan las conversaciones. Los gritos, el choteo, el irrespeto y hasta la violencia física encuentran suelo fértil, mientras ambos presencian como aquella promesa de amor se desvanece. Como recurso desesperado es común que cada uno busque ayuda en familiares y amigos cercanos. Estos, con frecuencia, en vez de propiciar un reencuentro, al no estar capacitados, suelen complicar más la situación.

Durante décadas, ese era el único panorama: “o aguantas o te separas”, no había más. De esa disyuntiva surge la terapia de pareja que pretende que con la ayuda de un profesional, la parejas que realmente se aman resuelvan satisfactoriamente las diferencias que le condicionan un mal vivir. 

Hoy, queremos que las parejas consulten a tiempo, cuando discuten reiteradamente sobre los mismos temas, cuando se buscan excusas para no estar juntos, o florecen las ideas de infidelidad, separación o se siente la sensación de no ser amado, respetado y /o comprendido. También cuando el área sexual no anda bien, o si los celos, las conductas posesivas o las discusiones amargan el diario vivir. O cuando la intromisión de familiares o conocidos genera conflictos importantes.

Desde luego, que una terapia de pareja no es la solución para todos los problemas, pero sí es una opción que se debe tener en cuenta sobre todo cuando no sabemos vivir con la persona que se ama. 

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