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¿Crimen silencioso?

ABORTO PROVOCADO

Posiciones, efectos, soluciones

Tabla de Contenidos

ABORTO PROVOCADO

El aborto provocado es signo de una falla del sistema en la disponibilidad de una anticoncepción efectiva. Las diferentes sociedades han resuelto el problema de manera diversa pero nunca contando con la unanimidad social. Conozca la diversas posiciones en torno a esta polémica decisión, la situación en Costa Rica y el impacto que tiene en muchas mujeres el realizarse un aborto. Además, un planteamiento sobre posibles soluciones.

Escribir al DR. Mauro Hoy

INTRODUCCION

El aborto provocado no corresponde a los métodos anticonceptivos, porque no evita la fecundación ni la concepción, sino que, más bien, su efecto se dirige a la destrucción del nuevo ser, o sea, del óvulo fecundado. Es un método de control natal no un método anticonceptivo.

Son muchos los países en el mundo donde el aborto se practica. Naciones tan disímiles como Cuba y los Estados Unidos de América lo tienen previsto en sus legislaciones como una conducta lícita. Sin embargo, aun en el seno de estas sociedades, hay una enorme controversia sobre los fundamentos que respaldan este proceder.

POSICIONES

Por un lado, encontramos los activistas en pro del aborto, que consideran que el embarazo no debe ser obligatorio y que la mujer o la pareja tienen libertad sobre su cuerpo y, como tal, pueden decidir continuar con una gestación o interrumpirla. Dentro de este grupo, hay posiciones más radicales que justifican el cese voluntario del embarazo, alegando que el nuevo ser todavía no es una persona ni un ser vivo y que, por lo tanto, el aborto no estaría atentando contra la vida.

Dentro del grupo de los que están a favor del aborto, otras posiciones mencionan que, aunque el aborto es poco deseable, muchas veces es lo menos malo, ya que la prohibición nunca ha logrado erradicar esta práctica y, más bien, expone a la población a riesgos médicos muy altos porque el aborto clandestino usualmente se realiza en condiciones carentes de las medidas mínimas sanitarias. Ellos mismos sostienen, además, que la prohibición del aborto favorece a las clases altas, que simplemente viajan a países donde es permitido; mientras que las clases menos poderosas tienen que exponerse a los procedimientos riesgosos en la clandestinidad.

Hay que señalar que es cierto y científicamente comprobado que millares de mujeres mueren año a año por haberse practicado un aborto con técnicas tradicionales sumamente peligrosas o en centros médicos ilegales donde reina la impericia.

En el grupo contrario, se encuentran todas aquellas personas que consideran inviolable la vida humana y conciben el aborto como la interrupción de la vida de un ser. Esta posición la corroboran de una manera sencilla y sumamente impactante, mostrando, a través del ultrasonido, las reacciones que tiene un embrión o un feto cuando es extraído, muchas veces en partes, del vientre materno. Algunos de estos filmes son famosos, y entre ellos figuran “Un grito silencioso” y “Muerte en silencio”, los cuales se ponen al alcance de las parejas para que adquieran conciencia de lo que implica la práctica de un aborto.

LA REALIDAD NACIONAL

En el Instituto Costarricense de Sexología compartimos, precisamente, esta última posición. Creemos que ya hay bastantes muertes en el mundo como para justificar, con postulados pseudo científicos, ambiguos y puntiformes, la muerte del embrión o el feto.

Nuestra posición está además fundamentada en otros hallazgos, sobre todo que sabemos que buena parte de las justificaciones del aborto en el mundo responden a la idea de que el aborto es el fin de un problema social y de un problema económico. El fin de un problema social, porque estas jóvenes no serán rechazadas por sus padres; probablemente continuarán con sus estudios y, desde luego, no tendrán que lidiar con la vergüenza con la que normalmente la sociedad castiga muchos de estos embarazos. El fin de un problema económico, en el sentido de que a muchas mujeres se les aliviaría la carga que representa un hijo más.

Aunque el aborto podría resolver un problema socioeconómico, representa el inicio de un problema psicológico en porcentajes sumamente elevados, el cual alcanza condiciones severas en la mayoría de las mujeres que se someten a esta práctica.

Además, hemos comprobado que no siempre es la mujer quien toma la decisión de un aborto. Muchas veces es su pareja o son sus padres los que presionan y obligan a la mujer a optar por un procedimiento con el cual está en desacuerdo o del cual o está totalmente convencida.

SINDROME POST ABORTO

Es importante detallar algunas de las reacciones psicológicas que se presentan en la mujer después de haberse practicado un aborto. Al principio, la mujer siente un alivio; pero, conforme pasa el tiempo, va creando conciencia de lo que realmente representa esta práctica, y ahí se inicia el conflicto psicológico.

Algunas comienzan a tener problemas para dormir y crisis de nerviosismo (ansiedad); otras experimentan tristeza y depresión, pierden la motivación y se muestran apáticas, con pereza y sin ilusiones. Otras mujeres desarrollan sentimientos de culpa, remordimientos y, en algunos casos, la presencia de los niños les resulta amenazante.

Curiosamente, nuestras investigaciones han mostrado que estas manifestaciones, en lugar de ir disminuyendo conforme pasa el tiempo, más bien se mantienen constantes o tienden a ser más frecuentes o intensas.

Nuestros estudios también indican que las personas se ven afectadas independientemente de sus creencias en torno al aborto; es decir, los conflictos psicológicos se presentan tanto en las mujeres que están en contra del aborto como en aquellas que están a favor.

Estos datos, unidos al hallazgo de que las personas defensoras del aborto tienden, de manera significativa, a cambiar de parecer una vez que han pasado por esta experiencia, nos señalan de manera contundente que el aborto es un procedimiento muy riesgoso y con fuertes efectos secundarios.

Estas mismas reacciones se han encontrado en otras latitudes, como por ejemplo en los Estados Unidos. Sin embargo, en este país la frecuencia es sumamente baja, menor al 10%, mientras que en Costa Rica, según nuestros estudios, superó el 70%.

Esto es fundamental porque, con frecuencia, se cree que las poblaciones enfrentan de manera similar las adversidades, pero los datos sugieren que nuestros pueblos manejan conceptos diferentes en torno a la definición de la vida, el significado de la muerte y la importancia de los niños.

Desde el mismo momento en que se tiene una prueba positiva de embarazo, el costarricense se refiere al embrión como “mi bebé”. En cada ultrasonido, aunque solo ve una masa amorfa e irreconocible, piensa y crea a nivel mental el concepto de “mi hijo”; y cuando la naturaleza produce la pérdida de un embarazo, aun a principios de la gestación, se utiliza la expresión de “perdí a mi chiquito”.

Quizás sea esta la razón por la cual el costarricense no puede digerir la idea de que el aborto es la expulsión de una masa amorfa, y menos aun que la interrupción de un embarazo pueda ser un derecho. Sin embargo, el aborto continúa siendo un problema oculto. Las mujeres que interrumpen su embarazo saben que esto es penado y, como tal, lo manejan como un secreto y muchas veces sufren en silencio las secuelas psicológicas descritas, a sabiendas de que no las pueden contar ni consultar por el miedo a la denuncia.

De manera que, buena parte de ellas tiene que enfrentar estos severos traumas psicológicos a nivel individual. Algunas optan por buscar alivio en la religión; otras teniendo más hijos; otras esquivan todas aquellas situaciones que les recuerden el aborto, y algunas consultan literatura científica para poder asesorarse. Sin embargo, también están aquellas que sufren un fuerte golpe en su autoestima y se conceptúan a sí mismas como “malas” y “sucias”, lo cual las conduce, en algunos casos, al alcoholismo, la promiscuidad y las drogas. Y, desde luego, todo bajo un absoluto silencio y con un gran disimulo.

POSIBLES SOLUCIONES

Censurar el aborto no aporta nada a la solución de esta difícil problemática. Tenemos que informar adecuadamente a la población para que pueda planear su vida reproductiva y, sobre todo, para que pueda hacer con su vida lo que realmente quiere y no se vea obligada a recurrir a procedimientos como el aborto provocado que, como hemos señalado, puede generar serios conflictos psicológicos.

La sociedad de Occidente sufre de una enorme impericia en el manejo de la sexualidad. Estamos sucumbiendo ante las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos no deseados, los delitos sexuales y el aborto. Solo con campañas de educación que se inicien desde temprana edad, podremos darle un manejo apropiado a un área tan importante. Muchas mujeres que optan por el aborto creen que es cuestión de un pequeño raspado y “se acabó”; algo así como ir donde el dentista, donde cualquier sufrimiento es transitorio. La verdad es que a nuestras autoridades les corresponde darles a las adolescentes y a los adultos una versión real, apegada a nuestro entorno, de lo que representa un aborto.

Nuestra experiencia nos ha señalado que, en algunos países, es común encontrar mujeres que se han realizado tres o más abortos, y tramitan psicológicamente de manera bastante satisfactoria estos procedimientos. Pero estamos convencidos de que, tal como lo muestran las investigaciones, esa no es la realidad de nuestra población. Aun cuando nuestro esquema de valores y nuestras tradiciones estén salpicados de absurdos y contradicciones, tienen una fuerte presencia psicológica en la conformación de la mentalidad social.

No contamos con informes nacionales que describan los efectos que un aborto puede provocar en el varón o en los padres propiciadores de que su hija se practique un legrado. Sin embargo, intuimos que las manifestaciones no distan mucho de las encontradas en la mujer.

Hay que crear programas útiles y eficaces de anticoncepción. Tenemos que ubicar a las poblaciones de mayor riesgo, como lo son las mujeres solteras, las adolescentes y las clases desposeídas, para brindarles asesoría en cuanto al control natal. Debe aprovecharse nuestra excelente cobertura en educación y en salud para conjugar precisamente estas dos variables, educación y salud, conceptos que hoy se presentan como dualismos y que, desde el inicio de nuestra nación, debieron estar como un binomio indisoluble.

Aunque resulte extraño, debemos recordar que, si bien es cierto hay muchos embarazos no deseados, también tenemos muchas parejas estériles, y que estos dos grupos representan un cóncavo y convexo de la naturaleza. De manera que es fundamental propiciar campañas de adopción y agilizar los trámites relacionados con este proceso.

Con estas sencillas medidas, la mayoría de los abortos podrían ser evitados, y probablemente también buena parte de los embarazos no deseados. Pero en aquellos porcentajes en donde la anticoncepción no llegó a tiempo, donde la educación sexual falló, tenemos que proporcionarle a la mujer embarazada, con problemas socioeconómicos, los subsidios necesarios para que pueda emprender la maternidad de una manera digna y sin que esto signifique su estancamiento académico o laboral.

Para quienes todo lo ven con ojos de dólares, es indispensable que entiendan que unos pocos colones invertidos así ahorrarán enormes erogaciones posteriores y, lo que es mejor aun, producirán cuantiosos dividendos.

No cabe duda de que la reciente legislación aprobada en nuestro país en torno a la paternidad representa un sólido avance en la lucha contra la sexualidad irresponsable, en la cual los varones siempre han gozado de una impunidad que muchas veces ha tomado tintes de descaro. Porque, en la inmensa mayoría de los casos, el aborto es la consecuencia de esa impunidad.

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